RELACIONES SANAS

RELACIONES SANAS

Hablar de una relación “sana” en la vida matrimonial puede dar la falsa impresión de que existen relaciones perfectas, lo cual se aleja de la realidad. Toda relación tiene sus defectos o debilidades, por la simple razón de que las personas no somos perfectas. Pero lo importante no es que una relación de pareja tenga debilidades o no, lo que define una relación saludable es que esté interesada en atender sus debilidades y dificultades para buscarles solución. En otras palabras, que sean resilientes.

Cuenta, enumera y ensambla las piezas de tu rompecabezas. Ve a tu pasado no para hacerte daño sino para ser realista y recomponerte desde ahí. Así otorgarás a cada herida la medida real que tienes respecto al conjunto de tu vida. No escondas la cabeza bajo el ala sino todo lo contrario, enfrenta el pasado como algo que forma parte de ti y que ha de servir como lección de vida.

Y así, una relación de pareja es sana si existe un esfuerzo de ambas partes de impedir que exista maltrato físico o emocional, faltas de respeto, comportamientos abusivos, humillantes, chantajes, celos enfermizos. Un matrimonio se convierte en tóxico cuando al menos uno de los miembros de la pareja sufre más de lo que es feliz. La línea entre un matrimonio tóxico y uno problemático es muy delgada. Por eso, debemos estar atentos a las señales que indican toxicidad. Y una de estas señales es la dependencia emocional.

La dependencia emocional es una trampa psicológica que encadena la posibilidad de ser feliz al hecho de estar con otra persona. Decía John Lennon en una de sus canciones: “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. Pero nos engañaron. Ya nacemos enteros, y nadie en la vida merece llevar a sus espaldas la responsabilidad de completar lo que no le falta”. Las personas dependientes son capaces de reconocer el maltrato y el menosprecio que sufren a diario, pero no tienen la capacidad para dejar de estar enganchadas a sus parejas. Piden perdón incluso por cosas que no han hecho, se muestran obedientes y cuidan todo tipo de detalles para que el otro se sienta cómodo, aunque esto suponga ir en detrimento suyo. Su intención es obtener su aprobación y afecto. No están agusto con la pareja y esto origina un gran desgaste emocional tanto en la pareja, como en el núcleo familiar.

 

DEPENDENCIA EMOCIONAL

 

La base de la dependencia emocional se encuentra en la baja autoestima que lleva al dependiente a no sentirse a la altura de su pareja, y esto hace que no desarrolle sus capacidades, por el contrario cada día se disminuye más a sí misma. Lo que no saben es que el desprecio del otro aumenta casi en la misma proporción que su actitud de sumisión. No hay amor suficiente capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma. Se confunde estar obsesionado con estar enamorado. Se culpabiliza y justifica el comportamiento de la pareja ante los de fuera; aunque al interno todo el tiempo estén discutiendo.

En la lucha por sanar emocionalmente, es importante pensar que no estamos solos. La depresión y la tristeza a veces nos hacen pensar que nadie va a ayudarnos, que no queremos ser una carga, que no debemos molestar por algo que solo nos preocupa a nosotros… Pero esto no es así, existen espacios a nuestro alcance donde nos podemos ejercitar en un diálogo sincero, sin chantajes, ni ofensas, que nos ayude a sanar nuestra relación. Porque “hablando se entiende la gente”, y solo hablando nos podemos curar. Decía el Padre Rouger, misionero del Espíritu Santo: “Dale palabras a tu dolor, la congoja destroza el corazón”. Podemos integrarnos al Encuentro Matrimonial Mundial, a través de un Fin de Semana (FDS), o al Movimiento Familiar Cristiano (MFC) a través de un Encuentro Conyugal. Y si alguno de los miembros de la familia se decide a cambiar esa situación enferma que está viviendo le recomendamos tener paciencia y ser discreto. 

Porque el cambio no se da de un día para otro; hay que tener paciencia con lo que se quiere lograr. No faltes a las reuniones, escribe, dialoga. El cambio comenzará a notarse cuando se empiecen a descubrir cualidades el uno en el otro, y se empiecen a felicitar por su avance: “Me alegra descubrir que hoy te levantaste con alegría…”  Las personas que te quieren se alegrarán de tus éxitos y sabrán apoyarte en los momentos decisivos de tu crecimiento.

Pero ante todo sé discreto. Mantén una distancia óptima, como los peces erizos que, no obstante esas espinotas que tienen, necesitan darse calor el uno al otro, no te exaltes ante las fallas que se han hecho crónicas en ustedes. Deja ir a personas que sólo llegan a compartir quejas de sus parejas; historias desastrosas, miedo y juicios condenatorios de los demás. Aléjate, poco a poco o de manera directa. No olvides que hay personas que llegan a nuestra vida y la mejoran, pero hay otras que cuando se alejan, la mejoran aún más. Aprende a analizarte a ti mismo e intenta comprender a esas personas. Muchas veces al comprender la situación por la que pasan otras personas, su historia, traumas o problemas, nos podremos comprender a nosotros mismos y dejar de sufrir.

DIOS HABITA EN LA FAMILIA

 

Gaudium/P. Rubén Porras Penilla.