No hay Eucaristía  sin sacerdocio

No hay Eucaristía sin sacerdocio

En su Libro “Don y Misterio” San Juan Pablo II afirma de manera categórica: “No hay Eucaristía sin sacerdocio, como no existe sacerdocio sin Eucaristía”. La Santa Misa y el Sacerdocio son un binomio que Jesús, en su infinita misericordia, ha querido dejar al género humano hasta su segunda y definitiva venida. El Sacerdote actúa en persona de Cristo y el culmen de esta configuración es la celebración de la Eucaristía y, en concreto, el memorial, el hacer presente a Cristo en la Consagración del Pan y el Vino.

La Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio se da en un mismo momento: En la Última Cena o Cena del Señor. Dice el Papa Emérito Benedicto XVI: “¿Cuál es entonces el núcleo de esta Cena? Son los gestos de partir el pan, de distribuirlo a los suyos y de compartir el cáliz del vino con las palabras que los acompañan y en el contexto de oración en el que se colocan: es la institución de la Eucaristía, es la gran oración de Jesús y de la Iglesia” (Audiencia General 11/01/2012). Y sobre la institución del Sacerdocio el mismo Papa Benedicto señala: “El Jueves santo es el día en el que el Señor encomendó a los Doce la tarea sacerdotal de celebrar, con el pan y el vino, el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre hasta su regreso. En lugar del cordero pascual y de todos los sacrificios de la Antigua Alianza está el don de su Cuerpo y de su Sangre, el don de sí mismo. Así, el nuevo culto se funda en el hecho de que, ante todo, Dios nos hace un don a nosotros, y nosotros, colmados por este don, llegamos a ser suyos: la creación vuelve al Creador. Del mismo modo también el sacerdocio se ha transformado en algo nuevo: ya no es cuestión de descendencia, sino que es encontrarse en el misterio de Jesucristo (Jueves santo 13/04/2006).”

LAVATORIO DE PIES

Un signo por el cual se recuerda mucho esta celebración, es el lavatorio de pies. Es quizá lo que más se queda en la memoria de las personas y causa mucha expectación si el Sacerdote besa o no los pies. El Papa Francisco el 20 de diciembre del 2014 dispuso: “Dispongo por lo tanto que se modifique la rúbrica según la cual las personas elegidas para el lavatorio de los pies deban ser hombres o muchachos, de manera que a partir de ahora los Pastores de la Iglesia puedan elegir a los participantes en el rito entre todos los miembros del Pueblo de Dios”. (Carta del Santo Padre al Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos sobre el Rito del “Lavatorio de los Pies” en la liturgia de la Misa in Cœna Domini 20/12/2014).

EL mismo Papa Francisco, el año pasado, en la homilía del Jueves Santo señaló: “Jesús termina su discurso diciendo: «Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros» (Juan 13, 15). Lavar los pies. Los pies, en esa época, eran lavados por los esclavos. La gente recorría el camino, no había asfalto, no había «sanpietrini»; en aquel tiempo había polvo en el camino y la gente se manchaba los pies. Y en la entrada de la casa estaban los esclavos que lavaban los pies. Era un trabajo por esclavos. Pero era un servicio: un servicio hecho de esclavos. Y Jesús quiere hacer este servicio, para darnos un ejemplo de cómo nosotros debemos servirnos los unos a los otros… Jesús da la vuelta a la costumbre histórica, cultural de esa época —también está de hoy —aquel que manda, para ser un buen jefe, sea donde sea, debe servir”. (Homilía en la Cárcel Regina Coeli 29/03/2018).