María, ejemplo y camino en la fe

María, ejemplo y camino en la fe

Nuestra madre es modelo y maestra de correspondencia a la gracia y don de la fe. Al contemplar su vida, cumplió en todo momento la iniciativa de Dios que la invita a participar de su misma divinidad.

Nunca ambiciona su propia gloria, no finge un orgullo, no juzga el anuncio del ángel, no pide una señal como hizo Zacarías que le garantizase la profecía. Ella acepta con humildad y vocación solemne el don del que trata de vivir: ser Madre de Jesús.

María es una verdadera creyente: confía en su esposo José, llevando a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cfr. Mt 2:13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con Él hasta la Cruz (cfr. Jn 19:25-27). Con fe, María disfrutó con detenimiento la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos (cfr. Lc 2:19-51), los transmitió a los doce Apóstoles, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cfr. Hch 1:14; 2:1-4).

María vivió el don de la fe en su condición humana, la de una mujer común y corriente, de una manera muy parecida a la de tantos millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más ordinario, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, la convivencia con los hijos, los detalles de atención hacia las personas queridas, los vecinos, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad.

Es María, Nuestra Madre, ejemplo y camino en la fe. Ella es quien nos enseña a ser perseverantes hasta el final, de perseverar en las circunstancias concretas en las que Dios ha querido que vivamos, de continuar con constancia nuestra vida sencilla y normal, aún y cuando existan momentos difíciles y tristes de la existencia, con las limitaciones y con los defectos propios de nuestras condición humana. Hemos de procurar ser como ella, manteniendo siempre esa actitud de fe, de contemplación, comprensivos a las llamadas continuas que el Señor dirige a nuestro corazón y sobre todo,  a reconocer a Dios en medio de lo ordinario de cada día .

 

Preguntas para la reflexión personal

 

  • ¿Cómo es mi fe?
  • ¿Tengo la fe como María también en los momentos difíciles, de tristeza, de oscuridad?
  • ¿Tengo la alegría de la fe, la contagio?.